Aunque lo acontecido con el apóstol Santiago entra en la leyenda más que en la historia, el personaje es real y lo que ocurrió, aunque fuera solo la ensoñación de un rey, influyó, y mucho, en la lucha contra los musulmanes y en la historia de España. Por lo tanto, Santiago tiene cabida dentro del apartado Personajes.

Dentro de esos personajes arraigados a la tradición o la leyenda de todo país encontramos en España la figura de Santiago «Matamoros». Santiago, el apóstol  como todos sabemos, es el patrón de España y de algunos municipios españoles, y el mote «Matamoros», que hoy podemos ver convertido en apellido, significa precisamente eso, que el apóstol mataba moros. Hoy encontramos la figura del mítico personaje en plena faena matarife en multitud de imágenes, tanto en pinturas como en estatuas, en iglesias o museos. Pero, ¿estuvo realmente el apóstol de Cristo en España combatiendo a los sarracenos? En cierto modo sí; aunque fuera solo en la mente de un rey.

Hoy día, la imagen de Santiago matando musulmanes a diestro y siniestro con su espada, a lomos de un fabuloso corcel blanco, es políticamente incorrecta. Asociaciones de paletos y analfabetos que nada saben de historia intentan desmantelar símbolos y tradiciones fuertemente arraigadas en occidente para evitar posibles ofensas a otras culturas. Culturas, por cierto, que nunca dejarían tocar ni ofender lo más mínimo a uno solo de sus símbolos. Por eso, siempre digo y repito, que todo el mundo sabría convivir mejor, si aprendiera y entendiera su propia historia. Porque muchas de las cosas que hoy pueden parecernos bárbaras, no eran más que formas de vida y supervivencia  Hoy día, basta echar una ojeada a los diarios para comprobar que se cometen barbaridades mucho mayores. En el caso de Santiago, no fue más que el sueño que tuvo un rey a raiz de un descubrimiento, y que se convirtió en el símbolo de la fe de los cristianos de aquella época. Los Moros luchaban en nombre de su profeta Mahoma, los cristianos en nombre de su patrón Santiago, ¿dónde esta el despropósito? Pero veamos cómo ocurrió todo para entenderlo mejor.

Todo empezó en el año 813 en la antigua Iria Flavia, donde ahora se encuentra Santiago de Compostela, cuando en Asturias (la España cristiana) reinaba Alfonso II. Una noche, un ermitaño llamado Pelayo, como el caudillo de Covadonga, vio unas extrañas luces entre el bosque, e incluso hay quien cuenta que escuchó una música «celestial», y así se lo hizo saber al obispo Teodomiro. Dejandose llevar por el entusiasmo del ermitaño que atribuía las luces a origen divino, el obispo mandó excavar en el lugar señalado y… sorpresa: encontraron una tumba de mármol (aquello era un cementerio) donde había un cuerpo decapitado, tal como murió Santiago.

Hay que aclarar, que en la Hispania de aquella época, Santiago era conocido y venerado por la creencia generalizada de que el apostol era el responsable de la evangelizacion de la penísula. Se dice que víajó hasta aquí a predicar con varios seguidores, y encontrandose en Zaragoza, junto al río Ebro se le apareció la Virgen con el Niño. He aquí el origen de la Virgen del Pilar. Después de unos años predicando en España, Santiago volvió a Jerusalen donde fue detenido y senteciado a muerte por el rey Herodes Agripa I. Sus seguidores decidieron entonces traer el cuerpo a España para darle sepultura. ¿Por qué lo hicieron? Posiblemente porque Santiago expresó en su última voluntad ser enterrado en España. Si verdaderamente lo enterraron aquí, nadie sabía dónde.

En vista de todo lo anterior, no es raro que el obispo decidiera que aquel cuerpo tenía que ser el del apostol Santiago, y el rey Alfonso, sin ponerlo en duda, mandó construir allí mismo una iglesia que sería el origen de la catedral de Santiago de Compostela. Puede notarse en esto el poder de convicción de la Iglesia en aquellos años. Si un obispo afirmaba algo, ni el propio rey lo contradecía. Por otra parte, precisamente a este rey se le conoce como muy apegado a la Iglesia por la que hizo mucho. El acontecimiento no fue cualquier cosa, pues tuvo tal repercusión en toda la Europa cristiana, que una riada de peregrinos se encaminó hacia Galicia para rendir tributos al santo. Y lo hacían dejándose llevar en las noches claras por los brazos resplandecientes en el cielo de la Via Láctea, y por eso hoy a estos brazos visibles de nuestra galaxia se los conoce tambien como Camino de Santiago.

Estamos ya en el año 844, Alfonso II murió y ahora reina Ramiro I. Han pasado 133 años desde que los moros ocupan la península Ibérica. El pequeño reino de Asturias, único lugar que había resistido a la invasión, se había agrandado bastante, por lo que el emir de Córdoba andaba alarmado por este motivo y atosigaba constantemente a los cristianos. Nos encontramos en Clavijo, un lugar de lo que hoy es La Rioja, es el 23 de mayo y allí va a tener lugar una gran batalla. En una parte, el rey Ramiro I con sus ejércitos, en la parte opuesta, el emir de Córdoba Abderramán II con el suyo, más poderoso y más numeroso. El motivo de esta batalla: que Ramiro se niega a pagar como tributo las cien doncellas que Abderramán exige. El tema de las cien doncellas es otro que se achaca más a la leyenda aunque no se descarta que fuera cierto que los moros exigían este tipo de tributos para garantizar la paz en la zona.
Despues de un primer enfrentamiento, ninguno de los contendientes sale vencedor ni vencido, pero los cristianos, al ser menos numerosos salen peor afectados. La noche se echa encima y se suspende el combate. Los cristianos se refugian en un castillo, y allí, durante la noche, a Ramiro se le aparece en sueños el apostol, que le anima a seguir luchando al día siguiente, asegurándole que él estará con ellos para llevarlos a una victoria segura. El entusiasmo del rey es tal, que no duda en contar a todo su ejército la «visita» nocturna del apostol. Y con el mismo entusiasmo arremeten contra los sarracenos. No obstante, los cristianos no las llevan todas consigo, y cuando creían desfallecer, aparece un resplandeciente caballero a lomos de un caballo blanco que blande una espada y se lleva por delante a cuanto moro se le cruza. Y por supuesto, esta intervención, hizo que los cristianos tuvieran una victoria total.
Hoy día, debido a la inverisimilitud del relato, se duda incluso de que tal batalla tuviera lugar. Aunque hay quienes aseguran, que lo más probable es que, aunque la batalla sea cierta, no fue ni en las fechas ni en las condiciones que se mencionan. Puede inluso que fuera cierto que el rey tuviera ese sueño (por qué no) y que le contara a sus soldados que el apostol estaría con ellos, para infundirles ánimos. Y puede incluso que esos ánimos los llevara a la victoria. Todo eso sí que es creible. El caso es que, a raiz de esta leyenda, los cristianos salían a combatír gritando y pidiendo ayuda al apostol; y más tarde,  (unos dicen que pasaron unos siglos y otros que fue mucho antes, casi desde el mismo momento de la aparición) se popularizó el grito de: ¡Santiago, y cierra España! Frase confusa que viene a ser una invocación del apostol, seguida de la palabra cierra, referente a una orden militar que siginifica algo así como «entrar en combate», y finalmente España. Todo esto vendría a decir más o menos: ¡Al ataque, por Santiago y por España! Hay quien le da vueltas a la frase y la enfoca de otra manera buscando otros significados, pero al final, todos vienen a decir lo mismo de una manera u otra, es una invocación al apostol en nombre de España.
Por último, está la duda de si Santiago estuvo alguna vez en España. Los más estudiosos del tema aseguran que no, y tampoco acaba de ser creíble la hipótesis de que sus restos fueran traídos hasta aquí una vez muerto. Nadie lo sabe y no hay pruebas científicas ni de ninguna clase de que el que está enterrado bajo la catedral compostelana sea el apostol Santiago. Solo tenemos la palabra de un obispo que vivió hace muchos siglos. Una palabra, que en su momento creyeron todos con una fe ciega y que influyó en la historia no solo de España, sino de toda Europa.

La leyenda puede levantar simpatía o animadversión por parte de aquellos que no comulgan con «Matamoros», pero no podrán negar que está llena de romanticismo. Y aunque solo sea por eso nunca conseguirán aniquilar un símbolo que forma parte de nuestro pasado y de nuestra identidad.

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