1042 – 1090
García era el menor de los tres hermanos varones, hijos de Fernando I. Tenía 23 años cuando heredó el reino de Galicia, correspondiéndole además las parias de Badajoz y Sevilla. Su formación había corrido a cargo del religioso Cresconio, obispo de Iria. Con semejante maestro, la formación tanto política como guerrera de García estaba garantizada. Porque Cresconio no sólo era un personaje sobresaliente en la iglesia del siglo XI, sino un guerrero de armas tomar. Y lo demostró en un momento clave, en el que Galicia fue víctima de un ataque danés. Sus costas se llenaron de barcos vikingos. Muchas ciudades gallegas fueron saqueadas, pero en Santiago les esperaba una gran sorpresa. Cresconio tomó la iniciativa y reunió a los principales nobles del reino, y con él al frente, luchando espada en mano, los vikingos fueron vapuleados y salieron de Galicia como buenamente pudieron, embarcando en las pocas naves que no habían sido incendiadas.
Galicia fue una buena herencia para un rey joven y bien preparado. Pero en Galicia había un pequeño problema: era un foco de rebeliones. La nobleza gallega se había rebelado contra su padre Fernando, contra todos sus antepasados, y contra García no iba a ser una excepción. Pero mientras su padre y sus antepasados habían sabido reaccionar convenientemente con firmeza cuando hacía falta y flexibilidad cuando lo exigían las circunstancias, García se mostraba débil o reaccionaba de forma atribulada e inadecuada, lo cual terminaba irritando a todo el mundo: a los nobles gallegos, a los que rodeaban a García, y a él mismo, que veía que la situación se le escapaba de las manos. García estaba bien preparado, sí, y Cresconio, que ya había muerto, no había hecho mal su trabajo como educador. Pero el joven rey no daba de sí lo que en un principio se esperó de él. De escasa inteligencia a la hora de tomar decisiones, llegó a convertirse en una persona cruel y a ser despreciado por todos cuantos le rodeaban. Y cuando los nobles que estaban de su lado le dieron la espalda, la situación de García Fernández, hijo de Fernando I, se tornó crítica.
Su hermano Sancho terminaría invadiendo Galicia y él tendría que exiliarse al amparo del rey taifa de Sevilla, al-Mutamid. Tras la muerte de su hermano Sancho, en el año 1072, García regresa del exilio y trata de recuperar su reino, pero convocado por su hermano Alfonso, entonces ya rey de León al que había incorporado Castilla, fue apresado el 13 de febrero de 1073 y encarcelado en el castillo de Luna, donde permaneció recluido hasta su muerte, ocurrida diecisiete años después, el 22 de marzo de 1090.
Etiquetas:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *