85 a. C – 42 a. C.

Entre los romanos era habitual que, cuando el hijo se llamaba igual que el padre se le añadiera al nombre la coletilla de “el Joven” para el hijo y el “Viejo” para el padre. El individuo que nos ocupa era hijo de Marco Junio Bruto el Viejo; aunque el hijo, más que el Joven era conocido como Marco Junio Bruto Cepión, por haber sido adoptado por su tío Quinto Servilio Cepión cuando su padre fue asesinado. Su madre era Servilia, media hermana de Catón el Joven. En algún momento, Servilia fue amante de Julio César aunque no se sabe con exactitud cuándo. Muchos dicen que fue diez años después de que Bruto naciera, por lo que, es imposible que Bruto fuera hijo suyo. Pero entonces nos queda la incógnita de por qué César le tenía tanto cariño y de por qué antes de morir le llamó «hijo mío». Nadie puede asegurar que antes de nacer Bruto, Julio y su madre no estuvieran ya liados, aunque éste tuviera solo quince años, no olvidemos que se casó con dieciséis o como mucho diecisiete, ya que su fecha de nacimiento nadie la sabe con exactitud.
Nació en el 85 a. C. y fue educado sobre unas estrictas ideas republicanas, no en vano era descendiente de Lucio Junio Bruto, que en torno al año 509 a. C. acabó con el último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio. Plutarco habla de él y lo define como una persona de apariencia física anodina, aunque afable, de carácter puro e íntegro. «Adorado por sus amigos, admirado por los buenos, y no odiado por nadie, ni siquiera por sus enemigos, pues era un hombre de carácter benigno, magnánimo, ajeno a la ira, a la lujuria y a la ambición, y de ánimo firme e inflexible en lo honesto y en lo justo». De ser así, no era el malvado y “bruto” individuo que a veces nos pintan, ni fue “el asesino de César,” como popularmente se suele creer; ni siquiera fue el principal instigador, aunque sí formó parte del complot que acabó con su vida. Más bien, a Bruto lo presionaban sus colegas para que se volviera contra el que ellos veían como un tirano que pisoteaba la libertad y dignidad de los auténticos romanos, consiguiendo, finalmente, que se uniera al complot.
De lo que no puede haber duda es de que era un patriota y fanático republicano, además de un traidor hacia alguien que le perdonó la vida en Farsalia, después de la batalla, ordenando a sus oficiales que respetaran su vida; y en caso de que se resistiera a ser capturado lo dejaran marchar. Si esto no lo hacía César por amor de padre, sin duda lo hacía por complacer a su amante Servilia. Pero está claro que Bruto vivía por y para la república y por ella no dudaba en cambiar de bando, si hacía falta. Luchó al lado de Pompeyo, aun cuando lo odiaba con toda su alma, pues fue quien ordenó ejecutar a su padre. Luego, muerto Pompeyo y vencida su causa, no dudó en acogerse a la Clementia Caesaris para estar al lado de su supuesto padre, que lo favoreció dándole el cargo de gobernador de la Galia Cisalpina y más tarde nombrándolo pretor, para, finalmente ponerse de parte de los que planeaban matarle.
Para saber más Cayo Julio César
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