¿Por qué se cuenta que un Borbón -Felipe V- fue el culpable de que Cataluña perdiese su libertad y no se cuenta, por ejemplo, que un pacto catalán con los ingleses, contra este mismo rey,  fue lo que causó la pérdida de Gibraltar?

 

11 de septiembre, diada catalana o día de Cataluña. ¿Por qué los catalanes celebran este día como el día de su comunidad autónoma o diada nacional? La historia se remonta al año 1714 (en realidad todo comenzó algunos años antes) y se cuenta que ese día, el ejército español, tras un largo asedio y duras batallas, entró en Barcelona y Cataluña perdió su autogobierno, su constitución y su libertad. Por tanto, mucha gente ha llegado a creer que España invadió Cataluña, que antes era una nación independiente, y que desde entonces son una colonia española. ¿Qué hay de cierto o de falso en todo esto?

El origen de la guerra de sucesión
Comencemos por el principio. Carlos II muere sin descendencia y nombra heredero de la corona española a un nieto de Luis XIV de Francia. La decisión no solo provoca una guerra civil en España, sino un conflicto internacional que implica a gran parte de Europa. ¿Y por qué? Por una parte, tenemos al que hasta el momento de la decisión era firme candidato al trono, al archiduque Carlos de Austria, que por supuesto tenía muchos seguidores. Y por otro lado, tenemos a países como Gran Bretaña que temían que una alianza franco-española se convirtiera en una gran potencia mundial, más de lo que ya lo eran por separado. Hubo, como en toda guerra civil, ciudades y regiones que tomaron partido por uno u otro bando. Cataluña decidió apoyar al candidato austriaco. Y lo hizo por una causa que podríamos llamar noble, pues pensaban que unirse a Francia era convertirse en vasallos del rey Luis XIV. Cataluña decidió luchar contra el francés, por la libertad de España. Y esto se refleja en muchos de los documentos donde se habla sobre la contienda.

Pactar con el diablo
Gran Bretaña, por su propio interés, tomó partido, no en favor del austriaco, sino en contra del francés. Y si Cataluña y los ingleses iban a luchar por la misma causa, ¿por qué no pactar con ellos? Nosotros os facilitamos vuestros movimientos contra los franceses y ustedes a cambio prometen protegernos de unas posibles represalias Borbónicas. De todo esto, los ingleses, como siempre, sacaron su provecho. En cambio, la promesa de proteger a los catalanes se redujo a un papel en el que Felipe V se comprometía a no tomar represalias y a la entrega de algún presente para halagar a la reina inglesa. A la hora de la verdad, Inglaterra no acudió a socorrer Cataluña.
La guerra entre los partidarios de Felipe V y el archiduque Carlos de Austria, con ambos dirigentes al frente duró varios años, hasta que las tropas Borbónicas comenzaron a llevar las de ganar y Carlos tuvo que replegarse en Barcelona, que fue sometida a un asedio. Para colmo de males, el austriaco es proclamado -inoportunamente- emperador de Austria a la muerte de su hermano y tiene que acudir hasta allí para ocupar su puesto. Barcelona queda en manos de su esposa Isabel Cristina.

El tratado de Ultrecht, Cataluña sale ilesa y se pierde Gibraltar.
Las cosas no pintan bien para los partidarios de Carlos y mucho menos cuando Felipe y los ingleses llegan a un acuerdo y firman el famoso tratado de Ultrecht. Sí, ese tratado que solo se menciona cuando se habla de Gibraltar, pero que en realidad, se firmó como acuerdo de paz entre España y Gran Bretaña. El trato era que los ingleses abandonaran las posiciones ocupadas en territorio español: Cataluña, Mallorca e Ibiza. Por su parte, Inglaterra exigía que se respetaran los derechos de todos y cada uno de los habitantes de Cataluña y que estos conservaran todos los fueros recogidos en su constitución. Hacer que se respetaran estos fueros era el acuerdo que tenían con Cataluña.

Llegados a este punto, conviene aclarar algunas cosas. Las autonomías no son un invento moderno. Cataluña, al igual que otras regiones, ya tenía la suya por aquellos entonces, pero no era ni una nación ni un país independiente como algunos pretenden hacernos creer. Más bien todo lo contrario, pues abundan los escritos tanto en castellano como en catalán que demuestran la lealtad al rey y a la patria española. El caso es que, otras regiones como Valencia y Aragón ya habían perdido su «autonomía» por haberse aliado con el austriaco, así que Cataluña corría el mismo peligro. No obstante, tras la firma del tratado de Ultrecht, Cataluña salió ilesa. Ningún catalán sufriría las consecuencias del conflicto y sus derechos y libertades serían respetados. Bien, Cataluña tenía ya su recompensa en forma de no perder lo que hubiera perdido si no es por exigencia británica, pero Gran Bretaña también quería beneficiarse. Los ingleses no devolverían a España la parte de Italia que habían invadido -antes en poder español- y exigían además quedarse con Menorca y una playita muy mona con una gran roca que habían visto por allí abajo en el sur. Así se perdieron Menorca y Gibraltar. Menorca pudo recuperarse algunos años más tarde, pero Gibraltar seguirá dando quebraderos de cabeza por algún tiempo más.

Desafío final
Pero algunos cabecillas catalanes no quisieron dar su brazo a torcer, y decidieron declararle de nuevo la guerra.

El Excelentísimo y Fidelísimo Principado de Cataluña convocado en Brazos Generales el sobredicho año y día ha deliberado continuar la guerra en nombre de la Sacra Cesárea Católica Real Majestad del emperador y rey nuestro Señor (que Dios guarde) por mantenerse vasallos de la sobredicha S.C.C.R.M. según la ley establecida en las cortes generales celebradas en el año de 1706 y por conservar las leyes, constituciones, privilegios, honores, costumbres y prerrogativas que el serenísimo duque de Anjou ha derogado queriendo que el presente Principado de Cataluña se entregue a discreción y que los naturales y habitantes no gocen en adelante más ley ni privilegio que la que a su arbitrio quiere imponerles. 

De este comunicado se desprende que los catalanes no se fiaban de la promesa de Felipe V. El desafío, aún a sabiendas de que sus posibilidades eran nulas sin la ayuda británica, iba a costar mucha sangre. Felipe V escribe a su abuelo pidiendo consejo, pues ha firmado un acuerdo y ahora no sabe si debe romperlo. La respuesta de Luis XIV es tajante: derrotar definitivamente a los oponentes y hacerles pagar los costos de la guerra.

Tras abrir dos brechas, las tropas borbónicas asaltaron ambas posiciones, siendo repelidas por los defensores. En este ataque perecieron 196 defensores y 900 atacantes. 

Las cifras nos dan una idea de la dureza de los combates y de las muchas vidas que costaron en ambos bandos, para finalmente capitular el día 12 de septiembre y ser ocupada Barcelona el 13. Así perdió Cataluña su autonomía y sus fueros.

La interpretación nacionalista.
De todo este conflicto hay abundante información, como ya se ha dicho. Y visto en todo su contexto, es fácil de entender que Cataluña no luchó por otra cosa que no fuera el que ellos consideraban su rey, el rey que querían para España, luego luchaban por España. El hecho de que desde un principio quisieran asegurarse de que su oponente, el rey Borbón, no tomara represalias contar ellos, y de que el comunicado de declaración de guerra hable de conservar las leyes, constituciones, privilegios y honores, ha dado lugar a una manipulación en la que se interpreta que Felipe V invadió Cataluña y la despojó de sus fueros para centralizarlo todo en Madrid. Cosa que ocurrió, pero no porque este rey hubiera llevado a cabo ninguna campaña con tal fin, como también se cuenta, sino por las circunstancias de sentirse traicionado.

Aquí encontraron los separatistas sus héroes y sus mártires, y su día señalado para clamar por su libertad perdida. Y tal como existe abundante información muy veraz, también encontraremos información falsa y manipulada, donde no se cuenta la historia en todo su contexto y realzando solamente el sacrificio de los catalanes dando su vida por la libertad y defendiendo sus fueros. Es la forma en que el nacionalismo separatista inculca el odio hacia la que es su legítima y autentica nación, España, de la que forman parte por voluntad e interés propios desde el momento es que decidieron adherirse al reino de Aragón.

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